http://cdigital.udem.edu.co/TESIS/CD-ROM21442006/10.Capitulo3.pdf
https://docs.google.com/document/d/1hCxRiCPG5qL9UfXpaVhAaDhGb1ySkH73sqPk-SVLDW8/edit?hl=en_US
PARA SERVICIOS EDUCATIVOS. BIENVENIDOS AL CONOCIMIENTO "LA EDUCACIÓN ES CUESTIÓN DEL CORAZÓN". San Juan Bosco. Formamos maestros con el Corazón y la Razón.
jueves, 16 de abril de 2015
jueves, 12 de marzo de 2015
COMPLEJIDAD DE LOS DDHH
LA COMPLEJIDAD DE LOS DERECHOS
HUMANOS EN NUESTRO CONTEXTO
Luis Carlos Marín. Lic, Esp.
“Como
se habían vuelto criminales, inventaron la justicia y redactaron códigos para
encerrarla en ellos...” Dostoyevski
Vivimos en una sociedad
donde los derechos humanos son entendidos de manera universal, olvidando que
los derechos humanos están encarnados en cada persona, en cada situación y en
cada cultura de una manera diferente, entendiendo por derechos humanos el
proceso de adquisición de bienes para satisfacer las necesidades básicas y para
tener una vida digna de ser vivida, que contradicción encontramos en esta
afirmación cuando todos los seres humanos del planeta no los pueden tener, sólo
quienes tiene el monopolio económico y político pueden gozar de todos sus
derechos, mientras una gran parte de la población mundial muere de hambre y de
enfermedades por falta de agua potable, de esta manera los derechos no tiene
carácter de universalidad si los tuvieran no habría tanta desigualdad e injusticias
en el mundo.
La complejidad de los
derechos humanos se percibe desde la
misma definición del término hasta la aplicación de los mismos, entendidos
estos más como un ideal que una realidad, más formalismo y leyes que
vivencia; los derechos humanos no deben quedarse solamente enunciados en
decretos o protocolos, lo esencial es
la práctica que debe ser la vida misma de los seres humanos;
para esto debemos asegurar una visión realista del mundo en el que vivimos,
utilizando un pensamiento crítico que combata todo lenguaje política que solo
se queda en discurso individualista y no
en un discurso crítico y colectivo de un mundo envuelto cada día más en
ideologías neoliberales y
consumista en manos de las grandes
internacionales y de los países desarrollados donde los ciudadanos lo tienen
todo; estos discursos y declaraciones debe abarcar todos los contextos de norte
a sur sin exclusiones de raza, etnia, religión, sexo y lugar.
Es decepcionante en
este panorama observar como los países subdesarrollados están según Susan
George en la “trampa de la deuda” donde todas sus
riquezas y producciones son absorbidas
por los grandes elefantes del
capitalismo moderno, como hablar de igualdad en este contexto; se habla de
derechos, ¿pero dónde están? Están en los libros y documentos de la ONU o de
las ONGs olvidando que el hombre desde
su nacimiento tiene el “derecho a tener derechos”; pero en este contexto no hay
condiciones para tener derechos, estos están sujetos a las estructuras
económicas y políticas de los estados desarrollados o potencias, no en los
pobres y olvidados de África, Asia y gran parte de América; los derechos se
tienen de acuerdo al lugar donde se vive.
“Los derechos humanos
se han convertido en el reto para este siglo Tanto teórico como practico” por
qué estamos ciegos en palabras de José Saramago; ciegos de lo que acontece a
nuestro alrededor, de las injusticias y desigualdades que se presentan en
nuestra sociedad, de los abusos en contra de la dignidad de las personas siendo
la dignidad el para qué de los derechos
humanos “la dignidad es un fin material. Un objetivo que se concreta en dicho
acceso igualitario y generalizado a los bienes que hacen que la vida sea digna
de ser vivida” estamos llamados a unir todos nuestros esfuerzos para hacer de
los derechos humanos el camino para rescatar la dignidad de tantos miles de
personas que son abusados, torturados, esclavizados y olvidados por un sistema
capitalista que lo único que le importa es la producción y desarrollo de los
bienes materiales olvidando la dimensión humana del ser, un sistema que busca
la globalización de las economías y de los sistemas políticos, pero nunca
piensa en la globalización de los derechos humanos y de la dignidad de las
personas.
Como seres racionales
debemos reflexionar el contexto de los derecho humanos empezando por los
nuestros y de las que está a nuestro alrededor, teniendo presenta que criticar no consiste en destruir para
crear o en negar para afirmar o en palabra de Ernst Bloch “criticar no consiste
únicamente en decir no, sino en afirmar un sí a
algo diferente “ y lo diferente
en este contexto es la defensa de la dignidad humana, del pobre que es
atropellado y explotado , del niño que muere de hambre, de la mujer maltratada,
del medio ambiente víctima de los abusos y de luchar por un mundo diferente
donde reine la paz, la justicia y la igualdad entre todos los habitantes del
mundo o porque no entre los países.
Para lograr una cultura
de los derechos humanos y dentro de la complejidad de los mismos es necesario
sacar las fobias que impiden que los
derechos humanos sean puros, la fobia a la acción que supone la movilidad la posibilidad de
actuar sobre la realidad para
transformarla, solo nos quedamos con la apariencia de la acción, y nos
quedamos en palabras y promesas
conociendo que los derechos son un hecho, la fobia a la apariencia de
pluralidad entendiendo en este sentido que el hombre es cuerpo y alma, sujeto y
objeto, el hombre es integridad y nunca podemos separar ambas realidades siendo
las dos importantes, no entendiendo este contexto como lo enseño el filósofo
Platón , dándole más importancia al alma, somos seres integrales y pluralistas;
y la fobia del tiempo donde se niega el presente quedándonos siempre en lo
mismo, estáticos como muertos vivientes sin expectativas, sin motivaciones
por la vida , sin movimiento aceptando la premisa “los tiempos se han cumplido
“ y estamos en el fin de la historia, sin ninguna posibilidad de transformar el
futuro; debemos hacer historia, pero una historia de grandes aventuras por los
derechos humanos, por la dignidad y la
vida.
La complejidad de los derechos humanos radica
en que hablamos de derechos y no sabemos su verdadero significado, estudiamos
derechos humanos y no los experimentamos, proclaman derechos universales
desconociendo los individuales, los gobiernos y los estados prometen derechos y
son los primeros en vulnerarlos, están los derechos, pero no contextualizados a
nuestra realidad; lo más complejo de los derechos es que los tenemos y nos los
prometen, nos hablan de derechos, pero no los comprendemos; es importante
reinventar los derechos desde una dimensión critica, y referenciando a Joaquín Herrera Flores “que los derechos humanos
han de entenderse como procesos sociales, económicos, políticos y culturales
que logren configurar materialmente el acto de creación de un orden nuevo,
sirviendo a la vez como la matriz para constituir nuevas prácticas sociales,
nuevas subjetividades antagonistas, revolucionarias y subversivas del orden
global injusto”
Termino afirmando que
la sociedad de hoy ha olvidado por completo los derechos humanos y olvidando
los derechos olvida lo humano; los derechos son el camino para vivir con
dignidad y con felicidad.
lunes, 23 de febrero de 2015
EL MITO DE LA CAVERNA DE PLATON
Textos de Platón
El mito de la caverna (República,
VII)
El libro VII de la República comienza con la exposición del conocido
mito de la caverna, que utiliza Platón como explicación alegórica de la
situación en la que se encuentra el hombre respecto al conocimiento, según la
teoría del conocimiento explicada al final del libro VI, ilustrada mediante la
alegoría de la línea.
El mito de la caverna
I - Y a continuación -seguí-, compara con la siguiente escena el estado
en que, con respecto a la educación o a la falta de ella, se halla nuestra
naturaleza.
Imagina una especie de cavernosa vivienda subterránea provista de una
larga entrada, abierta a la luz, que se extiende a lo ancho de toda la caverna,
y unos hombres que están en ella desde niños, atados por las piernas y el
cuello, de modo que tengan que estarse quietos y mirar únicamente hacia
adelante, pues las ligaduras les impiden volver la cabeza; detrás de ellos, la
luz de un fuego que arde algo lejos y en plano superior, y entre el fuego y los
encadenados, un camino situado en alto, a lo largo del cual suponte que ha sido
construido un tabiquillo parecido a las mamparas que se alzan entre los
titiriteros y el público, por encima de las cuales exhiben aquellos sus
maravillas.
- Ya lo veo-dijo.
- Pues bien, ve ahora, a lo largo de esa paredilla, unos hombres que transportan
toda clase de objetos, cuya altura sobrepasa la de la pared, y estatuas de
hombres o animales hechas de piedra y de madera y de toda clase de materias;
entre estos portadores habrá, como es natural, unos que vayan hablando y otros
que estén callados.
- ¡Qué extraña escena describes -dijo- y qué extraños prisioneros!
- Iguales que nosotros-dije-, porque en primer lugar, ¿crees que los que
están así han visto otra cosa de sí mismos o de sus compañeros sino las sombras
proyectadas por el fuego sobre la parte de la caverna que está frente a ellos?
- ¿Cómo--dijo-, si durante toda su vida han sido obligados a mantener
inmóviles las cabezas?
- ¿Y de los objetos transportados? ¿No habrán visto lo mismo?
- ¿Qué otra cosa van a ver?
- Y si pudieran hablar los unos con los otros, ¿no piensas que creerían
estar refiriéndose a aquellas sombras que veían pasar ante ellos?
- Forzosamente.
- ¿Y si la prisión tuviese un eco que viniera de la parte de enfrente?
¿Piensas que, cada vez que hablara alguno de los que pasaban, creerían ellos
que lo que hablaba era otra cosa sino la sombra que veían pasar?
- No, ¡por Zeus!- dijo.
- Entonces no hay duda-dije yo-de que los tales no tendrán por real
ninguna otra cosa más que las sombras de los objetos fabricados.
- Es enteramente forzoso-dijo.
- Examina, pues -dije-, qué pasaría si fueran liberados de sus cadenas y
curados de su ignorancia, y si, conforme a naturaleza, les ocurriera lo
siguiente. Cuando uno de ellos fuera desatado y obligado a levantarse
súbitamente y a volver el cuello y a andar y a mirar a la luz, y cuando, al
hacer todo esto, sintiera dolor y, por causa de las chiribitas, no fuera capaz
de ver aquellos objetos cuyas sombras veía antes, ¿qué crees que contestaría si
le dijera d alguien que antes no veía más que sombras inanes y que es ahora
cuando, hallándose más cerca de la realidad y vuelto de cara a objetos más
reales, goza de una visión más verdadera, y si fuera mostrándole los objetos
que pasan y obligándole a contestar a sus preguntas acerca de qué es cada uno
de ellos? ¿No crees que estaría perplejo y que lo que antes había contemplado
le parecería más verdadero que lo que entonces se le mostraba?
- Mucho más-dijo.
II. -Y si se le obligara a fijar su vista en la luz misma, ¿no crees que
le dolerían los ojos y que se escaparía, volviéndose hacia aquellos objetos que
puede contemplar, y que consideraría qué éstos, son realmente más claros que
los que le muestra .?
- Así es -dijo.
- Y si se lo llevaran de allí a la fuerza--dije-, obligándole a recorrer
la áspera y escarpada subida, y no le dejaran antes de haberle arrastrado hasta
la luz del sol, ¿no crees que sufriría y llevaría a mal el ser arrastrado, y
que, una vez llegado a la luz, tendría los ojos tan llenos de ella que no sería
capaz de ver ni una sola de las cosas a las que ahora llamamos verdaderas?
- No, no sería capaz -dijo-, al menos por el momento.
- Necesitaría acostumbrarse, creo yo, para poder llegar a ver las cosas
de arriba. Lo que vería más fácilmente serían, ante todo, las sombras; luego,
las imágenes de hombres y de otros objetos reflejados en las aguas, y más
tarde, los objetos mismos. Y después de esto le sería más fácil el contemplar
de noche las cosas del cielo y el cielo mismo, fijando su vista en la luz de
las estrellas y la luna, que el ver de
día el sol y lo que le es propio.
- ¿Cómo no?
- Y por último, creo yo, sería el sol, pero no sus imágenes reflejadas
en las aguas ni en otro lugar ajeno a él, sino el propio sol en su propio
dominio y tal cual es en sí mismo, lo que. Él estaría en condiciones de mirar y
contemplar.
- Necesariamente -dijo.
- Y después de esto, colegiría ya con respecto al sol que es él quien
produce las estaciones y los años y gobierna todo lo de la región visible, y
que es, en cierto modo, el autor de todas aquellas cosas que ellos veían.
- Es evidente -dijo- que después de aquello vendría a pensar en eso
otro.
- ¿Y qué? Cuando se acordara de su anterior habitación y de la ciencia
de allí y de sus antiguos compañeros de cárcel, ¿no crees que se consideraría
feliz por haber cambiado y que les compadecería a ellos?
- Efectivamente.
- Y si hubiese habido entre ellos algunos honores o alabanzas o
recompensas que concedieran los unos a aquellos otros que, por discernir con
mayor penetración las sombras que pasaban y acordarse mejor de cuáles de entre
ellas eran las que solían pasar delante o detrás o junto con otras, fuesen más
capaces que nadie de profetizar, basados en ello, lo que iba a suceder, ¿crees
que sentiría aquél nostalgia de estas cosas o que envidiaría a quienes gozaran
de honores y poderes entre aquellos, o bien que le ocurriría lo de Homero, es
decir, que preferiría decididamente "trabajar la tierra al servicio de
otro hombre sin patrimonio" o sufrir cualquier otro destino antes que
vivir en aquel mundo de lo opinable?
- Eso es lo que creo yo -dijo -: que preferiría cualquier otro destino
antes que aquella vida.
- Ahora fíjate en esto -dije-: si, vuelto el tal allá abajo, ocupase de
nuevo el mismo asiento, ¿no crees que se le llenarían los ojos de tinieblas,
como a quien deja súbitamente la luz del sol?
- Ciertamente -dijo.
- Y si tuviese que competir de nuevo con los que habían permanecido
constantemente encadenados, opinando acerca de las sombras aquellas que, por no
habérsele asentado todavía los ojos, ve con dificultad -y no sería muy corto el
tiempo que necesitara para acostumbrarse-, ¿no daría que reír y no se diría de
él que, por haber subido arriba, ha vuelto con los ojos estropeados, y que no
vale la pena ni aun de intentar una semejante ascensión? ¿Y no matarían; si
encontraban manera de echarle mano y matarle, a quien intentara desatarles y
hacerles subir?
- Claro que sí -dijo.
III. -Pues bien -dije-, esta imagen hay que aplicarla toda ella, ¡oh
amigo Glaucón!, a lo que se ha dicho antes; hay que comparar la región revelada
por medio de la vista con la vivienda-prisión, y la luz del fuego que hay en
ella, con el poder del. Sol. En cuanto a la subida al mundo de arriba y a la
contemplación de las cosas de éste, si las comparas con la ascensión del alma
hasta la. Región inteligible no errarás con respecto a mi vislumbre, que es lo
que tú deseas conocer, y que sólo la divinidad sabe si por acaso está en lo
cierto. En fin, he aquí lo que a mí me parece: en el mundo inteligible lo
último que se percibe, y con trabajo, es la idea del bien, pero, una vez
percibida, hay que colegir que ella es la causa de todo lo recto y lo bello que
hay en todas las cosas; que, mientras en el mundo visible ha engendrado la luz
y al soberano de ésta, en el inteligible es ella la soberana y productora de
verdad y conocimiento, y que tiene por fuerza que verla quien quiera proceder
sabiamente en su vida privada o pública.
- También yo estoy de acuerdo -dijo-, en el grado en que puedo estarlo.
Según la versión de la República de J.M. Pabón y M.
Fernández Galiano, Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1981 (3ª edición)
lunes, 16 de febrero de 2015
Jose Mujica en la ONU.
En la ONU
Para Estudiantes de 10 y 11.
Realizar: Aspectos Positivos, Negativos e interesantes.
https://www.youtube.com/watch?v=qaRamphf8SM.
En el CELAC
Realizar síntesis
https://www.youtube.com/watch?v=viwKOfNw5KY
Para Estudiantes de 10 y 11.
Realizar: Aspectos Positivos, Negativos e interesantes.
https://www.youtube.com/watch?v=qaRamphf8SM.
En el CELAC
Realizar síntesis
https://www.youtube.com/watch?v=viwKOfNw5KY
jueves, 12 de febrero de 2015
COLOMBIA EN EL PLANETA. William Ospina
COLOMBIA EN EL PLANETA
“Un país que perdió la confianza"
WILLIAM OSPINA
El escritor William Ospina, en compañía
de varios intelectuales colombianos, creó un texto sobre las posibles vías para
sacar al país de su actual crisis a través de la cultura. El resultado fue el
texto Colombia en el planeta, que se convirtió en un proyecto apoyado por el
Ministerio de la Cultura y el Programa de las Naciones Unidas para el
Desarrollo. Lea el escrito completo.
La idea de un gran proyecto cultural que enfrente algunos males viejos
de la sociedad colombiana y siembre semillas de reconciliación nació
inicialmente de una conversación con Gabriel García Márquez, y ha tomado fuerza
en el diálogo con muchos colombianos convencidos de que la cultura y la
educación son fundamentales para resolver la tragedia nacional. Este texto es
fruto de numerosas conversaciones entre distintos grupos de ciudadanos, de
artistas e intelectuales, de expertos en cuestiones sociales y promotores
culturales, pero es sólo un borrador, y aspira a que todos sus lectores, en
particular los jóvenes, se animen a enriquecerlo con sus aportes y sus
objeciones, pero también a que lo transformen en iniciativas artísticas y en
tareas culturales.
Al final de su relato
Los funerales de la Mama Grande, Gabriel García Márquez puso en labios de su
narrador una reflexión singular: Sólo faltaba entonces que alguien recostara un
taburete en la puerta para contar esta historia, lección y escarmiento de las
generaciones futuras, y que ninguno de los incrédulos del mundo se quedara sin
conocerla... Allí sugiere que la historia debería ser contada en primer lugar
por sus protagonistas y sólo después por los especialistas; que la historia,
antes de convertirse en densos volúmenes, sea elaborada primero como cuento,
casi, se diría, como chismorreo de vecinos, en esas tardes largas y espaciosas
en que las gentes comunes gozan amonedando en palabras los dramas y las
maravillas del pasado y del presente.
Esta actitud hacia la historia es natural en una cultura que siempre encontró en los hechos cotidianos el tema de sus canciones, que supo exaltar las situaciones más comunes en símbolos perdurables. Como esos maestros de Gabo, los juglares vallenatos, Colombia necesita convertir hoy las agitadas circunstancias de su historia reciente en intensos relatos y en cantos conmovidos, para que no se olviden los dolores y los heroísmos de esta época tremenda, y para que el relato mismo sea a la vez bálsamo y espejo, que nos permita dejar de ser las víctimas y empezar a ser los transformadores de nuestra realidad.
Como ha escrito Harold Bloom hablando de la cultura contemporánea, nuestra desesperación requiere el bálsamo y el consuelo de una narración profunda. Esto es válido para los individuos y para los pueblos. Que las personas mayores, a las que una cultura frívola relega y olvida, siendo los portadores de la experiencia y la única vía al futuro, nos cuenten cómo fueron estos campos hace seis o siete décadas, antes de que comenzara el viento cruel que dio origen a las ciudades modernas; que nos cuenten cómo se formaron estas ciudades a las que todavía hoy vemos crecer ante nuestros ojos. Que esos dos millones de desplazados que han llegado a ellas y que han hecho, como quería Fernando González, el viaje a pie por el territorio, refieran la historia reciente del país y puedan elaborarla ayudados por los lenguajes del arte. Que narren, que pinten, que actúen, que filmen, que canten la historia heroica y peligrosa de todos estos años. Que transformen su tragedia en enseñanza y en sentido para todos. Siempre existió en el país esa destreza y ese regocijo con el lenguaje que hizo de los pobladores de los campos narradores extraordinarios. Y los recursos múltiples del arte nos permitirán pronunciar el conjuro, convertir los recuerdos privados en múltiple memoria compartida.
Hoy los colombianos somos víctimas de los tres grandes males que echaron a perder a Macondo: la fiebre del insomnio, el huracán de las guerras, la hojarasca de la compañía bananera. Vale decir: la peste del olvido, la locura de la venganza, la ignorancia de nosotros mismos que nos hizo incapaces de resistir a la dependencia, a la depredación y al saqueo. La exuberante Colombia parece haber perdido la memoria, parece haberse extraviado en su territorio, como esos personajes de Rivera a los que se tragó la selva, y parece haber perdido toda confianza en sí misma, hasta el punto de no creer que haya aquí ninguna singularidad, ninguna fortaleza original para dialogar con el mundo. Es, por supuesto, una mala ilusión, porque el mundo sabe, a veces mejor que Colombia misma, que el país está lleno de originalidad y de lenguajes vigorosos. Pero es necesario que Colombia lo sepa también.
Que sepamos todos de dónde salieron esos bambucos que hoy se siguen haciendo en Veracruz y en Tabasco, esas cumbias que resuenan por las playas del Caribe, esos currulaos enardecidos del Chocó, esos vallenatos traviesos de
Escalona, de Leandro Díaz y de Alejo Durán, que ahora se escuchan en Buenos Aires y en Madrid, en Guadalajara y en Río. Hoy Gabriel García Márquez llena con su elocuencia embrujada la vida de incontables personas en todos los rincones del planeta, Fernando Botero puebla con sus irónicas estampas tropicales bañadas de luminosidad renacentista los museos del mundo, y por muchas razones distintas buenas y malas los colombianos y el nombre de Colombia se hacen sentir cada vez más en los escenarios de la historia contemporánea. Pero el país vive en peligro y necesita encontrarse consigo mismo a través de un diálogo inusitado con el mundo.
Mientras las circunstancias recientes de nuestra realidad atraen sobre Colombia las miradas de la humanidad, y ya nadie ignora dónde estamos, quiénes somos, cuáles son nuestra virtudes y, sobre todo, cuáles son nuestros defectos, nosotros seguimos ignorándolo, y en tiempos en que tantos países parecen haber accedido a notables progresos, Colombia permanece en el umbral de la modernidad, absorta en una suerte de cosmogonía salvaje, a punto de interrogarse a sí misma, sin saber cómo convertir en rapsodia su arte incomprensible de vivir siempre en peligro, la curiosa relación con la guerra y con la muerte que nos caracteriza.
Reconocerse en sí misma es el gran desafío de la Colombia presente.
Mientras los colombianos no tengamos un lenguaje común para hablar de nuestro territorio, y no tengamos un relato compartido de los mitos y de los símbolos que nos unen, será muy difícil cumplir juntos las tareas que nos está reclamando la historia. Un país sólo vive en confianza, sólo se constituye como nación solidaria cuando comparte una memoria, un territorio y unos saberes originales. No basta tenerlos, es necesario compartirlos. La urgente tarea de refundación de Colombia es antes que todo una tarea cultural: debemos emprender una gran expedición por el olvido, debemos pronunciar un conjuro contra la venganza desde las encrucijadas de nuestro territorio en peligro, debemos vivir una original aventura estética, mirando la naturaleza equinoccial, las ciudades nacidas del choque de la modernidad con la tradición, y explorando las riquezas del mestizaje, para encontrar los rostros y los lenguajes que definen nuestro lugar en el planeta.
Las numerosas guerras civiles del siglo XIX, las dos grandes guerras de la primera mitad del siglo XX, y la guerra actual, en la que se cruzan todos los conflictos de la diversidad, han tenido como efecto común el cortar sin tregua para los colombianos los hilos de la memoria. La leyenda de la casa perdida vuelve sin cesar en nuestras canciones, en nuestras novelas, en nuestros poemas. La Casa, iba a ser el nombre original de Cien años de soledad. Ese Paraíso en el que transcurre la María de Jorge Isaac, esa Casa Grande de Álvaro Cepeda Samudio, esa turbulenta Mansión de Araucaima de Álvaro Mutis, esa idílica Morada al sur de Aurelio Arturo, lo mismo que esas casas de nuestro cine reciente, la edificación amenazada de La estrategia del Caracol, la casa en ruinas de La vendedora de rosas, se exaltan también en un símbolo de las raíces cortadas, del desarraigo y de una amorosa patria perdida.
Debemos interrogar al espíritu de la venganza que nos hizo perder esa patria. Sería una exageración afirmar que aquí se ha borrado el tabú del asesinato, ese tabú que debe estar escrito con fuego en el corazón humano, ya que es el fundamento mismo de la cultura, pero ¿cómo negar que entre nosotros se ha debilitado? Y ya no parecen ser las religiones quienes tengan el poder de instaurar de nuevo en las conciencias ese mito poderoso, anterior a la ley positiva y a la sanción moral, que obra sobre los nervios casi como una ley natural. Pero tal vez, como lo hizo la tragedia en tiempos de Sófocles y en tiempos de Shakespeare, el arte sí pueda todavía renovar en nuestros corazones la vigencia de esas leyes profundas, reinscribir en ellos el sentido sagrado y el poderoso temor, convertir a los muertos en aliados invencibles de nuestro amor por la vida, haciéndolos capaces de infundir en los criminales el pavor frente al crimen.
Hay sociedades donde los muertos no mueren del todo. En México las gentes les llevan serenatas a las tumbas, ponen en ellas platos de enchiladas y de mole poblano, celebran como un carnaval el día de difuntos y, como en esos grabados de Guadalupe Posada donde se ven esqueletos que bailan en las fiestas del mundo, viven con los muertos una mitología jubilosa, testimonio de una profunda familiaridad. Entre los antiguos romanos, los muertos se convertían en divinidades familiares, con las que se dialogaba, con cuya protección se contaba siempre. Entre nosotros, en cambio, se ha trivializado la muerte. Los muertos se fueron convirtiendo en deshechos que seres distraídos arrojan al olvido, bajo un triste rótulo de N.N. El asesinato es un arma política común, y también un instrumento siniestro de control social. Pero tal vez lo que permite que la venganza recurra al crimen para dirimir los conflictos es esa idea de que los seres humanos se borran con la muerte. Lo que impidió que los muertos de la dictadura argentina se perdieran en el olvido fue que las Madres de la Plaza de Mayo los sacaron a la calle día tras día y año tras año: es así como se demuestra que el amor es más poderoso que la muerte. Aquí es necesario despertar a los muertos, pedirles que sigan vivos en el corazón de quienes los amaron, que nos acompañen en una larga fiesta por la vida. Los Wayúu suelen atar con cintas rojas las manos y los pies de quienes han sido asesinados, para que el asesino no pueda olvidar que ha cometido un crimen. Cuando hayamos cumplido esa labor poética y mítica de despertar a los muertos, de convertirlos en aliados de la vida, cuando hayamos demostrado que no es tan fácil matar del todo a un ser humano, la venganza tendrá que inventarse otras formas de dirimir sus conflictos, y no podrá creer que se elimina una contradicción eliminando a los contradictores.
Ahora bien, desde los comienzos de la cultura occidental, la poesía testimonió el secreto de los jóvenes homéricos, de todos aquellos que viven peligrosamente. En la Odisea de Homero alguien pronuncia estas palabras significativas: "Los dioses labran desdichas para que a las generaciones humanas no les falte qué cantar". Las guerras y los éxodos fueron siempre la forma más acentuada de ese vivir en peligro, pero la humanidad siempre supo extraer de ellas enseñanza, fortaleza y consuelo. Hoy en Colombia innumerables seres humanos, hombres, mujeres y niños se mueven en una frontera de riesgos, no hay colombiano que no sienta cada día en su vida el sabor del peligro, y por eso debemos interrogar nuestra relación con un espacio físico que se ha convertido progresivamente en región de zozobra. En barrios azarosos, oyendo en la noche los estampidos de las armas de colina en colina, calculando siempre qué zonas de la ciudad pueden ser visitadas, estudiando siempre los rostros de los demás en pueblos donde crece la angustia, preguntándonos qué carreteras son seguras, en qué vías hay riesgo, sobre qué poblaciones están suspendidas las nubes de la amenaza, volviendo a sentir como en los años cincuenta que viejos conocidos se van cambiando en seres condenados o en colaboradores del mal, Colombia tarda en reaccionar, en modificar su realidad cotidiana, en nombrar su heroísmo y su miedo. Es preciso que oigamos el relato de los jóvenes homéricos, de quienes han aprendido a vivir en el filo de la muerte, es necesario que también ellos, con los múltiples lenguajes del arte, se cambien de víctimas en intérpretes y transformadores de su realidad.
Del mismo modo debemos contrariar la locura que hizo que década tras década el país se haya acostumbrado a vivir bajo la sombra mítica de un monstruo que se finge eterno, omnipresente y omnipotente. Ese monstruo se llamó Sangre negra y Desquite, se llamó Fabio Vásquez y Javier Delgado, se llamó Gonzalo Rodríguez Gacha y Pablo Escobar, y aunque cíclicamente caía en poder de la justicia o bajo una lluvia de balas, mostrando que no era más que un pobre ser resentido y vengativo, sigue imperando por el miedo sobre la sociedad y, a pesar de su muerte, vuelve a alzarse una y otra vez, con otro nombre y otro discurso, creyéndose de nuevo el dueño del país, el que decide quién vive y quién muere, quién permanece en el territorio y quién se va de él.
¿Qué hace que Colombia se haya habituado a vivir bajo la gravitación de ese monstruo inevitable siempre significativo y siempre insignificante? Tal vez lo que tiene que ser conjurado no es el monstruo particular, por el que sus propios patrocinadores y voceros terminan sintiendo terror, y al que finalmente destruyen, sino la costumbre colectiva de estar a la vez fascinados y aterrorizados con él.
Como el mítico Minotauro de Creta, que exigía cada año el tributo de la sangre joven de la isla, este monstruo parece ineluctable, pero es verdadera la interpretación que hizo de él Borges en su relato Asterión: la principal necesidad del monstruo es la de desaparecer, y lo único que verdaderamente lo sostiene es el temor que la sociedad le profesa.
Este es un país peligroso pero valeroso. La gran mayoría de la sociedad está compuesta por seres valientes que salen cada mañana desarmados a las calles a luchar por la vida, a trabajar y a crear. Sin embargo se ha extendido la creencia de que los valientes son los tenebrosos guerreros que necesitan andar armados hasta los dientes y que se jactan de perdonar a todos los demás el atrevimiento de existir. Nuestro gran desafío es ayudar al monstruo a desaparecer. Y para ello es fundamental cambiar nuestras ideas de la valentía y de la cobardía. Es el monstruo el que tiene miedo, es por eso que anda armado y enloquecido, y Colombia debe vivir la fiesta de reírse del monstruo, desarticularlo como a esos muñecos de carnaval de los que cada miembro de la comparsa lleva una parte y que a veces se disgregan ante los ojos regocijados de los niños.
Como en otros tiempos, pero con una amplitud insospechada, la guerra ha arrojado de sus tierras a dos millones de personas del campo. Y si a ellos sumamos los cuatro millones de colombianos que viven fuera del territorio, que han sido arrojados hacia el mundo exterior en busca de trabajo, de futuro, de seguridad, sentiremos una vez más que el destierro sigue siendo el signo de esta patria precaria. Se van nuestros científicos y nuestros talentos. Y hasta una parte muy importante de nuestro arte y de nuestra literatura han sido elaborados en el exilio. En el exilio se escribió la obra de Barba Jacob y de Álvaro Mutis, de García Márquez y de Fernando Vallejo, en el exilio se ha pintado buena parte la obra de Luis Caballero y de Fernando Botero. Sin embargo, esas obras nacidas en tierras extrañas fueron tal vez las más colombianas, porque no hay mejor manera de conocerse a sí mismo que mirándose en contraste con lo que es distinto.
Varios millones de colombianos van hoy por el mundo procurando entender qué planeta es éste que durante tanto tiempo era para nosotros una fábula inverosímil. Colombia fue una nación casi totalmente cerrada a los vientos de las migraciones que en cambio poblaron a la Argentina y al Brasil, que pusieron siempre en contacto a Venezuela con el resto del mundo, que hicieron de México uno de los países más hospitalarios que pueda imaginarse, que le dieron a Cuba entre tantas cosas su espléndida riqueza musical.
lunes, 9 de febrero de 2015
TEXTO LAS PREGUNTAS DE LA VIDA. FERNANDO SAVATER
Mis amigos (a) estudiantes, en este enlace encuentra el texto. Que disfrute la lectura.
http://bloc.mabosch.info/wpcontent/uploads/2012/08/4.1.1.2%20%20LAS%20PREGUNTAS%20DE%20LA%20VIDA.%20Fernando%20Savater.pdf
http://bloc.mabosch.info/wpcontent/uploads/2012/08/4.1.1.2%20%20LAS%20PREGUNTAS%20DE%20LA%20VIDA.%20Fernando%20Savater.pdf
miércoles, 21 de enero de 2015
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Libro Ética de Urgencia. Fernando Savater - Libro El Maestro Ciruela
Libros de lectura para estudiantes de Pedagogía. Se evaluara de manera oral y al final de la lectura se realizará una entrega en escrito. ...
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EL NOMBRE DE LA ROSA Umberto Eco Sinopsis Es la Edad Media y corre el invierno de 1327, bajo el papado de Juan XXII. El franciscano G...
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Libros de lectura para estudiantes de Pedagogía. Se evaluara de manera oral y al final de la lectura se realizará una entrega en escrito. ...
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Una conferencia de José Antonio Fernández Bravo; Para la reflexión y profundización pedagógica . Link: https://www.youtube.com/watch?...